Científicas
Mi primera vez dando clase al instituto y me ha sentado genial
Científicas es un proyecto (para mí extraordinario) de la Generalitat de Catalunya. En ocasión del día de las mujeres en ciencias piden a científicas voluntarias que vayan a demostrar a las nenas de 12 años que todas ellas pueden devenir tal un día. Y así estaba yo, por primera vez ejerciendo de modelo (ahi, qué responsabilidad yo que todavía no me atrevo ni a definirme adulta).
Bueno, como ya somos sociólogas y no tenemos ni bata blanca, ni trabajamos en laboratorio y hablando claramente un poco nos consideran científicas de serie B, me han asignado la charla en un instituto de uno de los pueblos más pobres, aislados y rurales de la provincia de Barcelona. El pueblo se llama Piera, 18.000 habitantes, una biblioteca y un instituto a una hora y cuarto de ferrocarril de la plaça de Espanya.
En frente de mi, tres clases de primera de ESO (para los italianos: una seconda media) sentados ordenaditos y atentos a escuchar la historia de cómo una mujer italiana que viene de un pueblo de la provincia de Pavia y cuya familia ha cosechado uva toda la vida ha llegado a enseñar sociología a Barcelona. Y fue, la verdad, muy divertido. Primero, porque pude romperle el prejuicio que ciencia no necesariamente se hace en laboratorio, sino que se puede hacerlo hablando y escuchando a la gente. Y segundo, porque veía caras de todos los colores, acentos y origen escuchando mi catalán imperfecto: a ver si esta imperfección quizás le haga sentir también a ellos un poco más parte de este mundo en que la diversidad es virtud y enriquecimiento y el movimiento es crecimiento e superación personal.
Me traje a casa muy lindos recuerdos, de la Ona que le gustaba italiano y que quería estudiar derecho y de la Yvonne que con 12 años sabía quién es Pierre Bourdieu y que nosotras mujeres vamos a sufrir toda nuestra vida con un diferencial salarial solo por el hecho de ser mujer. Espero no haberlas convencido tanto, ya que la carrera de académica en mi caso ha significado mucha precariedad, un salario… por así decirlo limitado y poco tiempo libre. Pero como mentir: tengo el privilegio de poder dedicar la mayoría de mi tiempo a una pasión más que a un trabajo y muy poca gente puede afirmarlo en este mundo.
Que os vaya muy bien las ciencias mis queridas Ona y Yvonne, ojalá les vea pronto sentadas en mi curso de metodología de la investigación.
P.S. el día siguiente hice clase al grado y ni me dedicaron un cuarto de la atención de los doceañeros. Hay algo que hacemos muy mal en el medio para que mentes brillantes y con tantas ganas de aprender pierdan este entusiasmo por el conocimiento que vi a Piera en 5 años.


